27.05.2016
Hace unos días leía que Risto Mejide y su jovencísima novia, Laura Escanes, -a la que, por cierto, sigo en las redes sociales- están planeando firmemente su boda.
Es una relación poco común para la gran mayoría de las personas a la par que controvertida, polémica y mediática si tenemos en cuenta que han sido ellos mismos los que nos han estado informando casi diariamente de su amorío.
Yo también puse el grito en el cielo cuando me enteré de este romance pero pasados unos meses y tras ser testigo de este amor a través de, principalmente, sus respectivos Instagram he llegado a la conclusión de que estamos -la sociedad- excesivamente condicionados por unos patrones tradicionales que sólo hacen que limitar nuestra capacidad de vivir de la forma más amplia y plena posible.
¿Quién soy yo para juzgar la diferencia de edad, sus sentimientos o decisiones? Nadie.
Cuando llegue el día, no será más que una simple ceremonia en la que se celebre el matrimonio de dos personas adultas.
La Tierra seguirá girando del mismo modo. Las semanas no perderán días, ni éstos horas. Y los demás seguiremos con nuestras vidas, haciendo frente a los “problemillas” del día a día y, por supuesto, continuaremos disfrutando de nuestro entorno y de los maravillosos desayunos en la cama de los sábados.
